Siendo la onceava causa de discapacidad en el mundo, la depresión lleva al suicidio a un 15% de las personas que la sufren. La OMS calcula que un 20% aproximado de la población mundial padece depresión, afectando a personas de todas las edades, clases sociales y razas.

 

¿Qué es una depresión?

 

La depresión no equivale a debilidad o falta de voluntad, y tampoco es una reacción frente a situaciones adversas en las que es razonable experimentar irritación, tristeza o euforia.

En una depresión, la persona afectada no se pone triste, está permanentemente triste y acosada por emociones negativas que le impiden llevar a cabo su día a día con normalidad y le generan disfuncionalidades en el organismo, tanto físicas como mentales.

Hablamos de un trastorno del estado de ánimo en el que nos sentimos permanentemente atrapados en la desesperanza y acorralados por sentimientos de culpa e inutilidad. Una percepción distorsionada y negativa de la realidad, que ennegrece el mundo que nos rodea, a nosotros mismos y a nuestro futuro.

 

¿Qué causa una depresión?

 

La causa de una depresión no es exclusiva ni igual para todos los que la padecen. Puede originarse por el uso de determinados fármacos, el consumo de drogas, enfermedades crónicas (tanto físicas como psicológicas), ser genética o proceder de factores ambientales, como el abuso físico, psicológico o sexual, entre otros.

Al tratarse de una enfermedad presente en múltiples ámbitos de nuestra vida, cuyo abanico de cuadros clínicos se entrelazan y combinan con particularidades, encontraremos distintos tipos de depresión:

  • Ansiosa: combina síntomas propios de la depresión con estados de gran ansiedad.
  • Atípica: la depresión va acompañada de exceso de sueño, aumento de las ingestas y reacciones emocionales desproporcionadas.
  • Depresión mayor (endógena o biológica): se caracteriza por la inhibición motora y tiene mayor componente genético. No existen factores externos que la expliquen y es recurrente.
  • Distimia: sus síntomas duran un mínimo de dos años y van relacionados al carácter y el estrés prolongado.
  • Enmascarada: se presenta con molestias físicas y cambios de conducta.
  • Estacional: empieza, repetidamente, en una estación del año para desaparecer en la siguiente.
  • Posparto: depresión grave que empieza a lo largo del primer mes posparto.
  • Psicótica: los síntomas depresivos se unen a delirios, alucinaciones y perdida de la conciencia de lo que es real.

 

¿Qué personas tienen más riesgo de sufrir depresión?

 

Ya hemos visto que la causa de una depresión es multifactorial y heterogénea. Y también sabemos que puede padecerla cualquier persona y a cualquier edad. Pero existen perfiles con mayor tendencia a padecer depresión:

  • Personas con antecedentes familiares de trastorno.
  • Con infancias difíciles.
  • Con antecedentes traumáticos.
  • Individuos que sufren aislamiento social.
  • Personas con trastornos mentales.

Desde el punto de vista orgánico, un número muy elevado de personas con depresión presenta cantidades menores de serotonina, noradrenalina o dopamina, tienen afectados los factores endocrinos u hormonales, o poseen inflamación crónica de bajo grado, mayor estrés oxidativo y respuestas autoinmunes.

 

¿Cómo prevenir una depresión?

 

Responder con un sí o un no a la pregunta de si es posible prevenir una depresión no sería acertado, pues hay casos en los que ciertas pautas nos permiten esquivar la depresión, otros en los que las mismas pautas disminuyen el riesgo de sufrir recaídas y otros en los que no tendrán ningún efecto disuasorio.

Sea como fuere, es importante conocer y aplicar los consejos de los profesionales sanitarios para prevenir la depresión:

  • Aceptarnos y perdonarnos: no ser tan duros y exigentes con nosotros mismos y aceptar nuestras equivocaciones como un proceso de aprendizaje.
  • Alimentación saludable: hay alimentos que se relacionan con un mayor riesgo de padecer depresión: procesados, carne roja, horneados precocidos, grasas trans, postres y sodas azucaradas.
  • Descanso: dormir bien oxigena la mente y el cuerpo.
  • Ejercicio físico, de respiración y de meditación; el efecto antidepresivo del yoga ha sido demostrado científicamente.
  • Huir del estrés, pues tiene una estrecha relación con la depresión y la ansiedad.
  • No consumir drogas, pues potencian las emociones negativas.
  • Practicar hobbies nos proporcionará satisfacción.
  • Reducir el impacto de los desencadenantes.
  • Trabajar la inteligencia emocional, para que nuestro estado anímico no dependa de nuestras emociones.
  • Tener una vida social activa, con personas que nos hagan sentir bien.
  • Vivir el presente es la base de un estado de felicidad que permanezca.

En caso de caer en una depresión, lo más adecuado es acudir a un profesional y que nos aplique un tratamiento acorde a nuestro diagnóstico.