La varicela es una enfermedad infectocontagiosa aguda engendrada por el virus de la varicela zóster, o virus humano tipo 3 (primoinfección que nos queda latente en el organismo cuando ya hemos pasado la varicela). Es una enfermedad muy contagiosa, común entre los niños hasta los doce años de edad, cuya aparición y síntomas han ido aminorando gracias a la vacuna.

 

Notas importantes sobre la varicela zóster 

 

La varicela zóster se contagia, principalmente, a través de las gotitas de Pflügge que expulsamos al hablar, toser o estornudar. Estas gotitas no permanecen suspendidas en el aire, por lo que la trasmisión por esta vía sólo es posible a una distancia de menos de un metro.

Pero, la varicela, también puede contagiar a través de mucosidades, saliva o del líquido de las ampollas, por lo que, si una persona susceptible de ser contagiada toca dichas gotitas atestadas de virus, estas pueden terminar en sus manos y, de allí, a su organismo a través de la boca, los ojos, las fosas nasales o heridas abiertas en la piel.

La enfermedad empieza dos semanas después del primer contacto, pero hay que tener en cuenta que podemos ser contagiosos desde dos días antes de aparecer los primeros síntomas hasta los siete días posteriores a la aparición de las primeras manifestaciones de la enfermedad.

El período de incubación de la varicela se sitúa entre los diez y los veintiún días, y la enfermedad dura hasta que la última lesión se trasforma en costra (alrededor de los siete días).

La mayor parte de los casos de varicela ocurre en niños menores de diez años, y no es muy probable que los niños cuyas madres ya han pasado la varicela, o han recibido la vacuna, la contraigan antes de cumplir el primer año de edad. Si la contraen, mayoritariamente son casos muy leves, dado que los anticuerpos de la madre les ayudan a protegerse.

Los médicos suelen diagnosticar varicela cuando pueden observar las erupciones cutáneas características de esta enfermedad.

 

Varicela, síntomas inequívocos

 

Por regla general, la varicela suele empezar con fiebre y dolor de cabeza, garganta o estómago, que continúan unos pocos días. La fiebre se mantendrá entre los 38.3 y los 38.8 C, y podemos manifestar pérdida de apetito, cansancio, malestar general, moqueo o congestión nasal, estornudos y tos, por lo que puede parecernos un resfriado.

Pero, el principal y más característico síntoma de estar sufriendo una varicela es la aparición de exantemas pruriginosos, erupciones cutáneas que, en el caso de la varicela, pican mucho y tienen morfología, extensión y distribución variables.

Aparecen a los uno o dos días de manifestarse los primeros síntomas, entre diez y veintiún días después de haber tenido contacto con alguien que tenía la enfermedad, brotando primero en cara y tronco, y evolucionando centrífugamente hacia afuera.

Al principio, veremos pequeños puntos rosados que pronto madurarán una pequeña ampolla llena de líquido. A las veinticuatro o cuarenta ocho horas, el líquido enturbiará y las ampollas empezarán a crear costra. Pero, no bajemos la guardia porque, estos exantemas pruriginosos aparecen en oleadas, con lo que es posible que mientras algunos comiencen a formar costra aparezca una nueva oleada.

Sucesivamente, irán apareciendo: máculas, pápulas, vesículas, pústulas y costras, que se solaparán haciendo coexistir, entre sí, los diferentes estadios de la enfermedad y formando lo que se conoce como ‘cielo estrellado’.

Estas erupciones cutáneas pueden afectar a nuestras mucosas: bucal, conjuntiva, rectal, vaginal y también a nuestro cuero cabelludo, desencadenando adenopatías a nivel suboccipital y cervical posterior.

Una vez pasada la varicela, el virus permanece inactivo en el cuerpo de por vida, aunque uno de cada diez adultos experimenta brotes de herpes zóster (dolorosas ampollas de poca duración) cuando, durante una época de estrés, el virus vuelve a surgir.

 

¿La varicela se puede complicar?

 

En niños inmunocompetentes la varicela suele ser leve, sin complicaciones, su complicación más frecuente viene del rascado, que nos puede provocar estafilococos o estreptococos (un tipo de bacterias que causan infecciones).

Cuando la varicela la padecen pacientes inmunodeprimidos, puede haber otras complicaciones como: neumonías, infecciones bacterianas grabes o encefalitis, aunque es raro que suceda.

Deben tener especial cuidado:

  • Las personas no vacunadas.
  • Recién nacidos o bebés cuyas madres no han pasado la varicela o no se han vacunado contra ella.
  • Personas que toman medicamentos esteroides o inmunodepresores.
  • Personas inmunodeprimidas.
  • Mujeres embarazadas que no han tenido la varicela: cuando la madre se infecta de varicela, la semana previa al nacimiento o después de un par de días del nacimiento, el bebé tiene mayor riesgo de desarrollar una infección grave, potencialmente mortal. Si ese es tu caso, consulta con tu médico.

También debemos consultar con nuestro médico cuando:

  • Padecemos rigidez en el cuello.
  • Tenemos problemas para caminar.
  • Dificultad para mirar luces brillantes.
  • Sufrimos somnolencia y nos cuesta despertarnos.
  • Experimentamos tos intensa y nos cuesta respirar.
  • La fiebre alta nos dura más de cuatro días o es superior a 38.9 C.
  • La erupción se extiende a los ojos, y se vuelve roja y caliente.
  • Los latidos de nuestro corazón son demasiado rápidos y perdemos de la coordinación muscular.

 

Modos de aliviar los síntomas de la varicela, tratamiento

 

En niños inmunocompetentes, por lo general, la varicela no necesita tratamiento, aunque el médico puede recetarte antihistamínicos como difenhidramina, para aliviar el picor, o acetaminofén si tenemos fiebre leve. Pero intenta no rascarte, así evitarás cicatrices y que se te infecten las ampollas. Córtate bien las uñas para, si te rascas, no desgarrarte la piel.

Mantén tu piel fresca y evita el sudor, porque este hará que te pique aún más. Puedes usar paños húmedos con agua tibia, o dar-te un baño corto (no más de cinco minutos) con agua tibia y un poco de avena, que aliviará la picazón. La loción de calamina en las ronchas, también te ayudará a relajar el picor.

Si nos salen llagas en la boca, una dieta blanda nos ayudará a comer mejor. Y mantén una buena higiene: lávate bien las manos, ponte ropa limpia (también la interior) y lava bien aquella que vayas usando durante la enfermedad.

Para la febrícula se usa el paracetamol, pero nunca tomes aspirina porque puede provocarte el Síndrome de Reye y empeorar la situación.

Finalmente, echa mano de la vacunación. No suele suceder, pero hay personas sin vacunar que mueren por varicela, y es una enfermedad muy contagiosa.

Los niños, entre los doce meses hasta los doce años de edad, deben recibir dos dosis de la vacuna contra la varicela: la primera dosis, de los doce a los quince meses de edad, la segunda dosis, de los cuatro a los seis años de edad.

Los mayores de trece años que no recibieron la vacuna y nunca sufrieron varicela, deben recibir dos dosis con, al menos, veintiocho días de diferencia. Y, si sólo recibiste una vacuna debes completar la serie; consulta con tu médico.

Existe una vacuna llamada MMRV  que contiene la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, todas juntas. Es una opción para niños entre doce meses y doce años de edad; consulta con tu médico.