La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, que no conlleva un riesgo vital y se produce cuando el sistema inmune de la persona afectada ataca por error a sus propias células sanas, pensando que son gérmenes externos.

Aunque no se conoce el porqué de esta reacción, se cree que las células T de la sangre tienen un papel determinante y se sabe que no es una enfermedad contagiosa.

La psoriasis tiene una amplia variedad clínica y evolutiva, puede afectar a las articulaciones, la piel o las uñas, apareciendo en brotes, más o menos abundantes según el periodo, a modo de enrojecimiento, irritación, inflamación o descamación de la piel.

Las enfermedades autoinmunes, como la psoriasis, tienen tendencia a ser hereditarias, aunque existen otras circunstancias que pueden causar la psoriasis, como: infecciones, fármacos, la dieta, el alcohol, traumas físicos o mentales, o factores ambientales.

 

Tratamientos para la psoriasis

 

Debido al desconocimiento sobre esta reacción de nuestro sistema inmune, no se ha encontrado ningún tratamiento de curación definitiva para la psoriasis.

Una visión generalizada, nos muestra que el objetivo de los tratamientos para la psoriasis es reducir la inflamación, frenar la reproducción de las células de la capa superficial de la piel y evitar infecciones.

El abanico de tratamientos para la psoriasis es amplio y efectivo a la hora de paliar o frenar temporalmente sus síntomas.

El médico decidirá la conveniencia de aplicar uno u otro tratamiento, dependiendo de las particularidades de cada paciente y de la gravedad de cada caso.

Suelen usarse tratamientos tópicos (lociones, cremas o ungüentos) cuando la afectación es leve o moderada, y recurrir a la fototerapia (luz ultravioleta) o a tratamientos sistémicos (pastillas o inyecciones) si los anteriores fracasan o la enfermedad es más grave.

 

¿Hay alguna forma de prevenir la psoriasis?

 

Tampoco se han encontrado métodos para prevenir la psoriasis. Pero podemos introducir en nuestras rutinas diarias algunos consejos para controlarla, en la medida de lo posible, y evitar que empeore:

  • Para la higiene, bañarnos diariamente con geles emolientes pH 4 o 4.5, aplicados directamente con las manos y sin restregar, y usar champús suaves y anticaspa, en caso necesario. Los baños de avena pueden ayudar a calmar la piel.
  • Hidratarnos tras el baño con lociones emolientes que relajen la piel y potencien su elasticidad. Mantener la piel húmeda ayudará a evitar que se reactiven los síntomas.
  • Evitar manicuras agresivas que puedan dañarnos la piel.
  • Para el maquillaje, se recomienda usar productos con propiedades organolépticas y con fotoprotección. Consulta al farmacéutico los productos más adecuados a tu tipo de piel.
  • Usar crema emoliente después del afeitado y hacer uso de maquinillas suaves, que no nos desgarren la piel.
  • No recurrir a la fotodepilación.
  • Evitar el uso de colonias o perfumes.
  • Usar zapatos cómodos para evitar rozaduras.
  • Escapar de tejidos de lana o fibras artificiales.
  • Prestar atención a nuestra alimentación, mantener un peso adecuado, potenciando la ingesta de vegetales, ácidos grasos omega 3, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Tengamos en cuenta la necesidad extra de antioxidantes (potenciemos los alimentos con carotenoides, flavonoides, vitamina C o E y selenio).
  • Aprovechar los rayos del sol, mediante prácticas de fotoprotección adecuadas. Sacar provecho de los minerales del agua, la arena del mar y los beneficios de los rayos del sol al amparo de un buen protector solar.
  • Realizar actividad física regular, con actividades como el yoga o los ejercicios que consistan en estiramientos.

 

¿Qué tipos de psoriasis existen?

 

  • Psoriasis en placas: es el tipo más frecuente, con placas rojas y delimitadas de variado tamaño.
  • Psoriasis en cuero cabelludo: es muy frecuente, con descamación seca y adherida sobre un área roja del cuero cabelludo. Pica mucho, pero no ocasiona caída del cabello.
  • Psoriasis en gotas: suele aparecer de forma espontánea, tras la infección por bacterias o cada vez que pasamos anginas, con lesiones pequeñas, numerosas y distribuidas irregularmente por el cuerpo. Es más frecuente en la infancia y la adolescencia, y puede derivar en psoriasis en placas.
  • Psoriasis en palmas y plantas: es difícil de diagnosticar por su parecido con un eccema crónico, con placas muy secas e inflamación de la piel, que puede agrietarse, sangrar y doler.
  • Psoriasis en uñas: es difícil de diagnosticar por su parecido con otras enfermedades de las uñas, con marcas en forma de puntos, engrosamiento, deformación de las uñas o manchas amarillentas.
  • Psoriasis en pliegues: es difícil de tratar, con placas muy rojas y menos descamadas que afectan a cualquier pliegue cutáneo y son dolorosas, llegando a invalidar.
  • Psoriasis en cara: es difícil de tratar, más delicada, menos frecuente y puede confundirse con la dermatitis seborreica.
  • Artritis psoriásica: provoca inflamación y dolor de las articulaciones, con síntomas que pueden variar de leves a graves.
  • Psoriasis eritrodermica: forma grave y poco habitual, con placas muy rojas, calientes y descamación abundante que afecta a casi toda la superficie cutánea y suele requerir ingreso hospitalario.
  • Psoriasis pustulosa: forma grave y poco habitual, con granos de pus no infecciosos sobre las placas que requieren ingreso hospitalario.