La vaginosis bacteriana es un trastorno muy común en mujeres de entre quince y cuarenta y cuatro años que sufren un desequilibrio de su microbiota vaginal.

Junto con la candidiasis vaginal, es el trastorno de la zona genital femenina más frecuente en mujeres sexualmente activas.

 

Motivos que pueden llevar a una vaginosis bacteriana

 

Cuando la cantidad de bacterias que mantienen el pH de la vagina (lactobacilos) disminuye, aumentan las bacterias responsables de la vaginosis bacteriana.

No se conocen con exactitud sus causas, pero si se sabe que no puede contraerse por el contacto con el inodoro, la ropa de cama o por bañarnos en una piscina. Las parejas sexuales masculinas, generalmente, no contraen la bacteria. Pero sí las parejas femeninas, que pueden transmitir la vaginosis bacteriana durante una relación sexual sin preservativo.

Cualquier circunstancia capaz de cambiar el pH vaginal puede llevarnos a padecer vaginosis bacteriana, entre ellos:

  • Relaciones sexuales sin protección.
  • Frecuentes duchas vaginales.
  • Los antibióticos de amplio espectro.
  • Geles de pH básico.
  • Desodorantes vaginales.
  • Embarazo.

 

Síntomas de vaginosis bacteriana y cómo identificarla

 

La vaginosis bacteriana y la candidiasis vaginal se pueden confundir, pero son distintas.

El hongo Candidans albicans provoca el 90% de las candidiasis vaginales.

La vaginosis bacteriana viene provocada por bacterias, en su mayoría Gardnerella vaginalis.

Otra diferencia entre ellas es su sintomatología.

En la vaginosis bacteriana, la sintomatología  puede pasar inadvertida. De hecho, un 50% de los caos son asintomáticos. La vaginosis bacteriana no suele implicar inflamación pero sí un aumento de la secreción vaginal, que se torna más acuosa y pestilente, y existe la posibilidad de que vaya acompañada por ardor vaginal al orinar.

En la candidiasis vaginal aparecen numerosos síntomas, como: secreción grumosa, picor, ardor, inflamación, lesiones cutáneas y molestias al orinar o al tener relaciones sexuales.

Para saber qué tipo de trastorno estamos sufriendo, el médico, aparte de tomar en cuenta la sintomatología, nos realizará un cultivo vaginal para determinar qué hongo o bacteria lo está provocando.

 

Tratamientos para la vaginosis bacteriana

 

En ocasiones, la vaginosis bacteriana desaparece sin necesidad de tratarla y otras tantas veces, reaparece tras doce meses, a pesar de haber aplicado correctamente el tratamiento.

Como norma general, el médico nos señalará que atendamos nuestra vaginosis bacteriana con antibiótico tópico, en forma de crema vulvar.

Y, cada vez en mayor medida, los médicos suelen añadir al antibiótico tópico el uso de probióticos, bien vía oral o bien vía vaginal. El uso de probióticos ayuda a repoblar la flora vaginal con aquellas bacterias que reestablecen el pH de nuestra zona genital (Lactobacillus), contribuyendo, al mismo tiempo, a evitar una recaída.

Hay que tener presente que, aunque la vaginosis bacteriana no suele ser peligrosa, puede complicarse si no se trata adecuadamente.

Si estamos embarazadas, debemos ser especialmente cuidadosas, pues la vaginosis bacteriana puede motivar un parto prematuro. En caso de someternos a procedimientos quirúrgicos vaginales, la vaginosis bacteriana puede llevar a infecciones. Lo mismo que en mujeres no embarazadas, en las que podría derivar en endometritis o herpes.

Sufrir vaginosis bacteriana aumenta nuestras probabilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual, como clamidia, gonorrea o VIH.

 

¿Podemos prevenir la vaginosis bacteriana?

 

Algunas acciones sencillas nos ayudarán a prevenir la vaginosis bacteriana y las infecciones vulvo vaginales.

Empecemos por cuidar nuestra higiene íntima, especialmente durante la menstruación, el embarazo o al entrar en la menopausia. Lo más recomendable es realizar una correcta higiene antes y después de tener relaciones sexuales, recurriendo a un hidratante íntimo específico cuando notemos sequedad en la zona. Usemos jabones íntimos que aseguren una higiene vaginal que no altere nuestro pH, ni reseque o irrite nuestra zona íntima. La higiene femenina debe hacerse de adelante hacia atrás, para no arrastrar microorganismos de la zona anal a la zona vulvar.

La vagina tiene sus propios mecanismos para mantener el equilibrio interno, sólo hay que lavar la zona externa de los genitales femeninos con las manos limpias, sin usar esponjas. Tampoco apliquemos desodorantes íntimos que contengan perfume o alcohol. Olvidémonos de las duchas vaginales, pues generan desequilibrios en la zona íntima femenina y pueden arrastrar microorganismos procedentes de infecciones vaginales que podamos tener. No nos excedamos con la depilación, pues el pelo protege nuestros genitales.

Y conocer que las braguitas de algodón propician la transpiración y evitan rozaduras, lavémoslas con detergente suave y un aclarado intenso que elimine cualquier resto.

Frente a la mínima señal de vaginosis bacteriana o infección, acudamos al especialista.