El Árbol del Té es originario de las tierras húmedas de la costa de Nueva Gales del Sur, Australia. Es un árbol pequeño, de entre cuatro y siete metros de altura, cuyas hojas aromáticas tienen forma de aguja y sus cabezas florales sésiles son de color amarillo o púrpura.

Su aceite ha sido utilizado por los aborígenes australianos durante miles de años, obteniéndolo mediante la destilación, por cocción o al vapor, de sus hojas y ramas.

En 1920, el Dr. Arthur Penfold, químico del gobierno de Australia, estudió sus hojas e hizo públicas sus propiedades antisépticas, convirtiéndolo en un tratamiento estándar en Australia para la prevención y tratamiento de infecciones por heridas.

Actualmente, el aceite de las hojas y ramas del Árbol del Té se comercializan en el mundo entero, bien como aceite o bien incluido entre los componentes de miles de productos de belleza, higiene o salud.

Sus activos principales son alcoholes terpénicos, terpenos y óxidos terpénicos, y sus principales beneficios: antiinfecciosos, inmunoestimulantes, antinflamatorios y curativos.

 

Propiedades del aceite del Árbol del té

 

No existen evidencias de que el aceite del Árbol del Té interaccione con otros medicamentos, pero sí estudios que demuestran su sus propiedades antimicrobianas, antisépticas, antimicóticas, antibióticas, antinflamatorias, cicatrizantes y estimulantes del sistema inmunológico.

 El Árbol del Té es una planta medicinal cuyos principios activos tienen múltiples propiedades. Por este motivo, es una planta curativa muy utilizada en la Fitoterapia o medicina alternativa.

 

1- Uso epidérmico

 

Sus principios activos penetran con facilidad en las capas externas de la epidermis, así que cuando lo utilizamos de forma tópica, el aceite de Árbol de Té es seguro y sus propiedades antimicrobianas, antimicóticas y antisépticas son muy eficaces para aliviar síntomas de dolencias, como: el pie de atleta, la psoriasis, los herpes, la varicela, la onicomicosis, los hongos en las uñas y en la piel, la candidiasis oral y vaginal, o la cistitis.

También es muy efectivo para raspaduras y pequeñas heridas, quemaduras, acné, manchas en la piel, verrugas, pruritos, granos o erupciones cutáneas. Y para limpiar impurezas en la cara, las pieles grasas, como hidratante, como regenerador cutáneo, para calmar irritaciones en la piel, para desinfectar y proteger nuestras manos, como desodorante, para picaduras de insectos y para fortalecer y acelerar el crecimiento de tu pelo, eliminando la caspa, los piojos o las liendres, y fortaleciendo el tratamiento de la dermatitis seborreica lactante (costra láctea).

 

2- Usos para el sistema respiratorio e inmunológico

 

Gracias a sus propiedades antibióticas, antiinflamatorias y antivirales, es un remedio natural para luchar contra infecciones y otras dificultades y patologías del sistema inmunológico, como: sinusitis, rinitis, anginas, asma, bronquitis, catarro/resfriado, tos y silbidos en el pecho, tos ferina, fiebre y gripe.

 

Qué tener en cuenta para usar el aceite del Árbol del Té

 

Hay que ser muy precavido a la hora de utilizar plantas curativas con efectos farmacológicos. Si no somos expertos en Fitoterapia o en Farmacognosialo mejor es preguntar en nuestra farmacia cuál es la mejor alternativa de aceite del Árbol del Té para nuestra dolencia, tanto en lo relativo al formato, como a las cantidades o a la frecuencia de uso más adecuada para nuestra dolencia.

El aceite del Árbol del Té se vende en botes de diferentes tamaños, como aceite esencial o como aceite puro. También puedes comprar las hojas del Árbol del Té a granel y hacer tus propias destilaciones, o bien comprar compuestos ya preparados de productos que llevan incluida la cantidad de aceite de Árbol de Té necesaria para cada propósito específico.

Aun y así, debemos saber que el aceite del Árbol del Té nunca debe ingerirse vía oral, no debe usarse en caso de eczemas, sensibilidad cutánea, niños menores de tres años, o personas embarazadas o en período de lactancia.

Usarlo sin conocimiento puede provocarnos irritación de la piel, sarpullido alérgico, picazón, escozor, ardor, descamación, enrojecimiento, sequedad, desorientación, ataxia, menor nivel de consciencia o ginecomastia en niños pequeños.