La astenia primaveral, aunque no está considerada una enfermedad, supone un problema de salud mental para todos aquellos que la padecen. Los cuadros asténicos ya suponen del 10% al 20% de los pacientes que acuden a la consulta del médico en las primeras semanas de la primavera.  Profundicemos en sus características:

 

Astenia primaveral y salud mental

 

La astenia primaveral está relacionada con los cambios horarios y las variaciones climatológicas propias de la primavera. Podría definirse como una sensación pasajera de dificultad de adaptación (un trastorno adaptativo), tanto física como intelectual, al aumento de horas de luz diurna y su consecuente modificación de nuestra rutina diaria, y a los cambios climatológicos propios del paso del invierno a la primavera, como son: las subidas de temperatura, de presión atmosférica o de la humedad ambiental.

Estas circunstancias animan a nuestro organismo a una regulación de nuestros ritmos circadianos, con cambios en la secreción de determinadas hormonas, como: endorfinas, cortisol o melatonina, entre otras. Dichos cambios hormonales alteran nuestros ritmos biológicos para adaptar el consumo de energía a las nuevas condiciones ambientales. Por todo ello, la astenia primaveral es una sensación transitoria que desaparece en una o dos semanas, dependiendo de la persona.

Si nos propusiéramos analizar estas sensaciones, relacionadas con la salud mental y experimentadas por un alto porcentaje de la población, deberíamos acudir a la cronobiología, que es la ciencia que estudia los cambios rítmicos que experimentamos los seres vivos en las diferentes estaciones del año, incluso en el transcurso del día.

La astenia primaveral, al no tener una causa orgánica definida, no está considerada como enfermedad mental en el Catálogo de Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud ,pero el número de pacientes que acude al médico por cuadros asténicos en los últimos años ha crecido exponencialmente, y se estima que sobre un 2% de la población sufrirá sus efectos de salud mental en alguna de las etapas de su vida.

Podríamos atribuir, en parte, dicho crecimiento, a las características de entorno de las sociedades actuales, como: la hiperactividad, la sobrecarga laboral, las relaciones sociales complejas, etc.… Características que reducen nuestra capacidad adaptativa ante los cambios. Una situación de estrés, de depresión o de ansiedad, o enfermedades mentales provocadas por las dificultades de la vida, también podrían originarla, incluso una enfermedad orgánica (alteraciones cardiacas, pulmonares, infecciones, etc.…) podría considerarse como el origen de su aparición.

Al tratarse de un trastorno adaptativo, los sujetos más susceptibles a padecerlo son los que sufren de alergia estacional, los niños, los ancianos y aquellos que padecen alguna patología crónica o situación médica de fragilidad. Los cambios hormonales propios del cambio de estación explicarían también porqué las personas entre los 20 y los 50 años, y un porcentaje mayor de mujeres que de hombres, son más propensos a padecerla.

 

Astenia primaveral, síntomas y relación con otras enfermedades mentales

 

La astenia, como enfermedad mental, es un síntoma caracterizado por la sensación de cansancio y debilidad. La astenia primaveral, al ser un trastorno adaptativo relacionado con la salud mental, engloba síntomas que pueden variar dependiendo de cada persona y que recogen desde una sensación inexplicable de tristeza hasta algo tan inespecífico como el “tener pocas ganas de hacer nada”. Por lo general, los signos físicos más comunes son:

  1. Cansancio y somnolencia durante el día.
  2. Falta de energía, debilidad general y tono vital bajo.
  3. Problemas de concentración, trastornos de memoria y fatiga intelectual.
  4. Trastornos del sueño, que van desde la dificultad para conciliarlo a la sensación intensa de sueño.
  5. Nerviosismo, irritabilidad, ansiedad, cambios de humor y melancolía inexplicable.
  6. Alteraciones del apetito o aumento inexplicable de la sensación de hambre.
  7. Hipotensión, mareos y cefaleas.
  8. Dolor muscular y articular.
  9. Inapetencia sexual, disminución de la libido y disfunción eréctil.

Existe una patología psiquiátrica denominada ‘Trastorno afectivo estacional’ que sí está contemplada como categoría diagnóstica psiquiátrica. Una enfermedad mental que viene acompañada de algunos síntomas coincidentes con los signos físicos de aquellos que padecen de astenia primaveral, como pueden ser: tristeza, poca energía o trastornos del sueño. El trastorno afectivo estacional es un tipo de depresión que va y viene con las estaciones, pero, en su caso, generalmente comienza a finales de otoño, o principios de invierno, y desaparece durante la primavera. Se desconocen sus causas, aunque se han encontrado coincidencias como: los desequilibrios de serotonina, la insuficiencia de vitamina D o la presencia excesiva de melatonina en el organismo.

Cuando estos síntomas se prolongan durante más de seis meses, no mejoran con descanso y no existe problema físico o psicológico que los explique, podemos encontrarnos ante un caso de fatiga crónica, una enfermedad mental con una evolución a largo plazo que comporta un alto grado de incapacidad física para realizar actividades corrientes, incluso es posible que no podamos ni salir de la cama.

Esta enfermedad mental suele afectar a personas sanas de todas las edades, aunque es mayoritaria entre adultos jóvenes y mujeres. Tiene un diagnóstico complejo, ya que no se pueden hacer pruebas o análisis específicos, pero también presenta síntomas neuro psicobiológicos como: irritabilidad excesiva, confusión, fotofobia, olvidos, depresión o escotomas visuales transitorios, u otros como: febrícula o algias en las adenopatías de las cadenas ganglionares cervicales o axilares.

No se conoce la causa de la fatiga crónica y, a veces, dos o más desencadenantes trabajan juntos para ocasionar esta enfermedad.

Si la astenia no tiene causa orgánica conocida, hay que aliviar o disminuir sus síntomas hasta encontrar la enfermedad que la ocasiona, pues la astenia puede aparecer en múltiples infecciones y enfermedades como: insuficiencia cardíaca, amigdalitis bacteriana, cáncer, anemia, covid-19, fibromialgia o sida, entre otras.

Cuando nos encontramos ante alguno de estos casos debemos acudir al médico para que nos haga un diagnóstico preciso.