Casi se cumple un año del primer confinamiento de marzo del 2020 y hoy queremos recordar como aquellos días en casa han cambiado nuestra forma de vivir.
A pesar de que un año después, nuestra vida no haya vuelto a ser igual, y aún sigamos sufriendo los estragos del Coronavirus, hay ciertos cambios en nuestro estilo de vida que probablemente hayan llegado para quedarse.
Es innegable que el año pasado, por estas fechas, vivimos un momento histórico que removió los cimientos de nuestras vidas. Las ciudades se pararon en seco, las distancias ya no se acortaban con un abrazo si no con una videollamada y empezamos a incorporar a nuestro día a día conceptos como Estado de alarma, confinamiento, toque de queda o mascarilla. ¿Quién nos iba a imaginar integrando este objeto tan ajeno para tantos en nuestro día a día?

Cómo cambiamos nuestras rutinas aquellos días

A pesar, de que esos días de encierro se han “aligerado” hoy queremos recordar como aquellos 98 días de confinamiento nos han cambiado para siempre (aunque no nos demos cuenta):
Capacidad de adaptación: Si hay una palabra que resume estos días es esta. Adaptación. Tuvimos que convertir nuestras casas en aulas para los más pequeños, oficinas, pastelerías, gimnasios, bares y las terrazas en discotecas. ¡Y nos dimos cuenta de que se puede!
Gracias a la tecnología, pudimos sentirnos más cerca; sesiones de videollamada, conciertos virtuales, clases online, la tecnología cobró un valor realmente importante para acercarnos a los nuestros y para ayudarnos a valorar lo que antes no hacíamos.
Nos unimos para agradecer: ¿Te acuerdas de los aplausos de las ocho? El sentido de dar las gracias al unísono y acordarnos de aquellos que lo estaban pasando mal, todos a la vez, como sociedad es algo que no debemos olvidar.

¿Qué rutinas han llegado para quedarse?

Y aunque nos parezca que ha pasado mucho tiempo y hayamos dejado atrás los tiempos de los retos virales, de hacer pan o sesiones de yoga virtuales, nuestro día a día ahora es distinto y esto es innegable:
El teletrabajo: Ha cambiado nuestra forma de trabajar y de relacionarnos. De los encuentros en la maquina de café a las videollamadas. Se mezcla lo cotidiano con lo profesional y nuestro hábitos diarios han cambiado; se eliminan los desplazamientos y un espacio de nuestras viviendas es una oficina. Un cambio de paradigma al que aún nos estamos adaptando.
Relaciones y contacto: Ahora cuidamos a quien vemos, hemos aprendido a pasar más tiempo solos y a compartirlo en círculos limitados y cercanos. Contra todo pronostico nos hemos acostumbrado a no besar a no abrazar para cuidar de quien queremos Qué paradoja, ¡verdad?
Pensamos en nuestra salud y la de los demás: De repente tuvimos que cambiar nuestras bases y parar en seco y las prioridades se vieron alteradas. Ahora somos conscientes de la importancia de cuidar nuestra salud y la de los demás y hemos aprendido hábitos de higiene y de autocuidado que parece que han venido para quedarse. La prevención es parte de nuestro día a día y desde el lavado de manos y la limpieza del hogar pasando por la alimentación saludable y el ejercicio probablemente todos nos estemos cuidado más. Un ejemplo de como nos han ayudado los nuevos hábitos de contención para evitar el Covid es que la incidencia de la gripe el año pasado ha sido menor que otros años; la intensa campaña de vacunación del invierno pasado, el uso de mascarillas y la distancia social.
La salud mental importa: Todos en mayor o menor medida hemos sufrido los efectos del coronavirus a nivel emocional; desde la fatiga del personal sanitario expuesto a extensos turnos de trabajo, pasando por problemas de depresión y ansiedad por la incertidumbre, o el miedo a salir a la calle y a los contagios. Quizá el tener un detonante común ha hecho que poco a poco normalicemos este tipo de trastornos y que visibilicemos que los problemas de salud mental nos pueden afectar a todos en cualquier momento.

Hace un año la vida se nos paraba, teníamos que abandonar nuestro ritmo frenético y quedarnos en casa, nunca pensamos que tendríamos que vivir algo así y aunque aún queda mucho camino por andar, la situación sigue siendo complicada y aún tenemos miedo, la llegada de la vacuna y la gran labor de nuestro personal sanitario, hacen que un año después, nos siga uniendo la esperanza y que mantengamos el espíritu de aquellos aplausos de las ocho que lo que querían decir es que juntos saldremos adelante.